SZIs

SZIs

QuickTime Video, 57''

un viaje interno a través de tres generaciones de mujeres

por Silvina Szperling

Declaración de artista

Mi actual proyecto SZIs (anterior SHEs) nació cuando estba planeando dejar mi país, Argentina, por varias razones, como la falta de trabajo, la violencia social, la evanescencia del futuro.

Uno de los sentimientos más fuertes en relación a este último punto era la necesidad de darles a mis hijos Lucía y Manuel la posibilidad de crecer sanos, una mejor perspectiva, un día a día más sencillo.

Al mismo tiempo, dejar mi ciudad natal, Buenos Aires, significaba dejar a mi madre.

Esta sensación de estar en medio de una adolescente y una anciana, Lucía (15) y Rosita (78), ambas dependientes de mí desde un cierto punto de vista y, al mismo tiempo y de diferente modo, alejándose de mí, me hacía sentir incómoda y responsable. Emocional y reflexiva. Viva.

Cada paso que di (y sigo dando) para hacer este video realidad,  desde las reuniones de guión con Lucía, pasando por la búsqueda de una canción en Iddish (la única que mi madre recuerda de su infancia), el primer día de filmación, los ensayos en los que los cuerpos deben ser canales a través de los cuales las ideas circulan (y la ocasión para volver a bailar después de unos cuantos años), hasta la visión de sus caras y mi propia imagen en la pantalla, cada uno de esos momentos es intenso y burbujeante.

También recuerdo de otras mujeres de mi familia y las historias que me han contado. la mayoría de esas historias son prueba de alta sensibilidad y gran coraje. Como la de mi abuela poniendo piedras al fuego para calentarlas y luego ponerlas en los bolsillos del único abrigo que tenía para salir a los helados campos en Rusia. Las mismas piedras que le daban a ella calor y peso son las que me dificultan ahora el tránsito hacia de mi propio momento de partir. ¿Cómo pudo mi abuela abandonarlas?

Mi madre también debió dejar su ciudad natal, la tropical Corrientes (donde sus padres y otros miembros de su familia habían encontrado finalmente el calor que ansiaban) para poder conocer a mi padre en la gran ciudad de Buenos Aires. Antes había partido una vez para estudiar en la Universidad y está muy orgullosa de no haber perdido nunca su carácter pueblerino.

Ella y yo debemos decirnos adiós, y esto no sólo sucede porque yo dejo mi país, sino porque ella ya está vieja y, aunque es muy saludable y vital, el tiempo pasa y la muerte tal vez no nos de un aviso apropiado.

Mi hija Lucía también se está despidiendo de su ciudad, sus amigos, compañeros, maestros y paisajes de la infancia, que está desapareciendo rápidamente. Este proceso tal vez la acerque al legado familiar, aunque sea para poder negar una gran parte de él.

Nosotras tres somos muy cercanas y nos gusta compartir un rato charlando, tomando mucho té, yendo al teatro o al cine, haciendo un video. Bailar y cantar juntas, cocinar, peinarnos una a la otra, crear una obra y comunicarnos a través del lenguaje de los cuerpos podrían llevar nuestra relación a un nivel más elevado y, eventualmente, movilizar los sentimientos de otra gente hacia su propia familia, su sentido de la tierra, su propia imagen del futuro.